miércoles, 30 de enero de 2008

Melodías


El domingo recién pasado, fuí a la plaza de armas de mi ciudad a ver la presentación de unas bandas de rock de la zona. El broche de oro de este espectáculo era una banda invitada que rinde tributo a la legendaria agrupación musical inglesa que me encanta: Pink Floyd. No sé si ellos eran muy buenos músicos, o la música de este grupo es tan buena que da lo mismo quien la cultive. O ambas.
A propósito de lo anterior, durante la semana en un programa de televisión, se habló de las bandas sonoras de nuestras vidas, de aquella música que nos marcó en determinadas etapas de nuestra existencia.
La música que recuerdo de mi infancia es bastante variada y tiene que ver más con los gustos maternos que con los míos. De todas formas se agradece. Entre mis juegos infantiles y mis deberes escolares de aquel entonces, escuchaba el pop de ABBA, Bee Gees, la música electrónica de Jean Michael Jarré, a las españolas Paloma San Basilio y Mari Trini, y a los chilenos Los Jaivas, Quilapayún, Isabel Parra y Víctor Jara.
Cuando llegué a la preadolescencia, hacía furor el rock latino. A las primeras fiestas que fui, se escuchaba mucho a los ahora clásicos Soda Stereo, GIT, Virus, Enanitos Verdes entre muchos otros y los chilenos Los Prisioneros, UPA!, Aterrizaje Forzoso, Valija Diplomática, por nombrar sólo algunos. Durante mi pasada por la enseñanza media y en mi época universitaria escuchaba mucho pop y rock para bailar y mis momentos alegres, y mucha balada rock para mis momentos románticos o melancólicos. Por citar algunas canciones que recuerdan momentos especiales para mí, nombraría: Recuerdos Encadenados y La Incondicional de Luis Miguel, Completamente Enamorados de Chayanne, Silent Lucyditi de Queensriche, canciones del grupo Garbage. Algunas canciones de grupos como Sexual Democracia, Garibaldi, Erasure, Queen me recuerdan momentos más alegres. Todo lo anterior en radiocaset
La música tiene esa capacidad de transportarnos en el tiempo y llevar hasta nosotros las mismas sensaciones, emociones y sentimientos del momento en que vivimos algo especial, es decir, la audición es la que conecta a nuestro pensamiento con nuestro corazón.
¿Hay algún otro órgano de los sentidos que nos conecte tan rápidamente con lo que hemos vivido?

viernes, 25 de enero de 2008

Miedo


Según el diccionario, miedo es inquietud, angustia, temor de un peligro.
En mi época adolescente, mientras algunos sentían curiosidad y casi una necesidad por ver películas pornográficas, yo me aficioné al cine de terror, casi gore.
Ví los Martes XIII, Pesadilla, Chucky, todas las de insectos asesinos (pájaros, abejas, hormigas, gusanos, babosas), entre muchas otras de zombies, vampiros y monstruos que hoy ya ni recuerdo. Pero también las aterradoras “El exorcista”, “La Profecía”, verdaderas películas de culto en lo que a este género se refiere.
Los argumentos de algunas de estas películas, eran más o menos predecibles y algunos casi incongruentes. Eran películas bien efectistas. Trataban de impresionar más por los efectos visuales que por el argumento, claro está.
En esa etapa de mi vida, leía muchas historias de terror, casi todas escritas por europeos (de preferencia Edgard Allan Poe). Algunas más cercanas a la ciencia ficción que al terror. Me despertaba especial interés el saber qué iba a pasar, hasta dónde podía llegar la imaginación del escritor.

Actualmente, mis preferencias en cuanto a cine y literatura se acercan más al suspenso, al misterio, al thriller.
Notables son los japoneses en este género: a diferencia del cine norteamericano en que todos los códigos (o gran parte de ellos) son predecibles, el cine oriental en esta materia es siempre aterrador precisamente por eso: porque no es predecible. De hecho, gran parte de las películas de cine de terror japonés tienen su versión americana y si bien algunas son buenas, no logran provocar ese terror de lo impredecible.
Vayámonos a lo local. Un fenómeno resultó en nuestro país la teleserie nocturna “Alguien te mira”. Género pionero en las teleseries, historia de un asesino en serie, médico, padre de familia. Thriller que mantuvo el suspenso hasta el final.
Debo reconocer también un especial interés por informarme de todo lo relacionado con lo paranormal: documentales, fotografías, videos, sonidos. Esta curiosidad creo que existe en mí por otro motivo: el acercarme de otra forma a mi papá. El saber cosas de seres que están en otra dimensión, me hace sentir cerca de él. ¿Los fenómenos paranormales son reales o son situaciones manipuladas? ¿Qué lleva a un ser humano a convertirse en asesino?

domingo, 20 de enero de 2008

Verano



Es increíble como uno añora el verano todo el año: se oscurece más tarde, ya no hace nada de frío, y hay mucho pero mucho tiempo libre.
Cuando era niña, los veranos se me hacían interminables si me quedaba en casa.

Mi ciudad parecía pueblo fantasma, no había la proliferación de telefonía que hay ahora como para ubicar a mis compañeras de colegio, que la gran mayoría vivían lejos. Ni hablar de la programación televisiva. Los dos canales de televisión que en ese tiempo se veían parece que también salían de vacaciones: teleseries repetidas y películas antiguas.
Si iba a ver a mi familia al sur, a Osorno, era super entretenido. Allá hacíamos paseos al sector de Puyehue. Pero yo creo que más que gustarme el panorama, me encantaba la visión del “familión”, la familia numerosa, aclanada. Tengo muchos tíos y primos de todas las edades. Las tardes se pasaban volando entre anécdotas y risas.
Durante la primera etapa de mi juventud y hasta el día de hoy, trato de ir cada vez que puedo al Sur.
Un par de veranos además de ir al Sur, también fui a una playa cercana: Pichilemu.
Tengo recuerdos de antología del verano.
En el Sur, cuando tenía como 19 o 20 años, salí un día viernes con uno de mis primos a un pub que ya no existe: se llamaba “Jazz”.
Mientras estábamos ahí pedimos un trago para cada uno. Íbamos en la mitad del trago y ya estábamos “arriba de la pelota”. Ninguno de los dos había comido nada hacía muchas horas.
Nos aburrimos en ese pub y fuimos a otro: el “Arcadio”. En ese lugar pedimos los mismos tragos para cada uno, no sé cuantos, pero fue suficiente.
En el baño de ese lugar, me caí, me ensucié, entre otras cosas. Pero eso no fue lo peor.
Al otro día tenía un paseo con toda mi familia al lago Puyehue por el fin de semana. Cuento corto: la resaca se me quitó el día domingo.
Me pasaron otras cosas también en la época estival: tuve un par de amores de verano; un verano descubrí que estaba embarazada; otro verano trabajé de garzona en un pub en una playa del litoral central; otro verano inicié una relación de pareja, que terminó 3 años más tarde también durante el verano. Y bueno, un verano reconocí estar profundamente enamorada (…)
Pero ¿qué será lo que hace del verano una época tan atractiva y tan esperada?¿De qué manera puede marcarnos el verano para el resto del año? O para el resto de nuestras vidas?

martes, 15 de enero de 2008

Entretenciones


A propósito del exceso de tiempo libre que tienen los niños durante las vacaciones de verano, el otro día conversábamos con mi hija lo afortunados o por lo menos aventajados que son los niños de hoy.

Pero están tan acostumbrados a la rapidez con que avanza la tecnología, que no logran valorar ni mucho menos percatarse de ello.

Mi madre me contaba que en su infancia no había televisión, por lo tanto la “entretención audiovisual” se centraba en ir al cine con sus hermanos, a la matineé, a ver alguna serie extranjera (Bonanza entre otras) siempre y cuando hicieran méritos para aquello.

También acostumbraban a leer historietas que aparecían en algunas revistas como “OK”

Las otras entretenciones consistían en juegos tradicionales como jugar a la pelota, a la cuerda, a la gallinita ciega, a la escondida.

En mi época de infancia ya se podían notar ciertos avances.

Ya estaba instalada la televisión y por lo tanto los que éramos niños en aquel entonces, teníamos la oportunidad de ver dibujos animados (Tom y Jerry, Lagarto Juancho, Los autos locos, Los Picapiedras, La Pantera Rosa, Heidi, Marcos, Ángel, Érase una vez el hombre, La abeja Maya, Los Pitufos) y programas infantiles (La cafetera voladora, El show del Conejito TV, Mazapán, Cachureos, El Profesor Rossa, Oreja-Pestaña y Ceja) al menos en un horario o dos durante la semana.

Aparecieron los primeros computadores sólo para uso en oficinas (programa MS2), el Atari cuyo costo alto y aunque demorara en cargar los juegos que traía, con una amiga y su hermano encontrábamos que valía la pena el esfuerzo.

¿Películas? durante mi niñez el cine de mi ciudad adolecía de ciertos requerimientos básicos para funcionar óptimamente (higiene, mantención) y los estrenos llegaban con bastante desfase. Las películas infantiles también.

Me encantaba leer historietas de las mismas series infantiles que se daban en mi época, las leía y releía. En ellas debo incluir a nuestro personaje por excelencia “Condorito”. A pesar de mi corta edad, también me gustaba escuchar música: ABBA, Paloma San Basilio, Mari Trini, Los Jaivas, Isabel Parra, Quilapayún, Víctor Jara. Era lo que mi mamá escuchaba, pero de ello me explico mi diversidad en cuanto a gustos musicales se refiere.

También coleccionaba servilletas (se podría decir que aún lo hago) y álbumes (Frutillita, La Historia del Hombre) jugaba al “elástico”, al bachillerato, al juego de naipes “carioca”, en fin, los que éramos niños en aquel entonces búscabamos también como entretenernos.

Los niños de hoy no sólo tienen varios canales de TV abierta para elegir. Además está la televisión por cable. Internet está al alcance de todos con la masificación y lo económico de los ciber.

Las películas? se estrenan durante la semana y el fin de semana en la feria del barrio ya están al alcance de tus hijos.

Entonces, si hay tanta tecnología al alcance de muchos, ¿porqué nuestros hijos ahora igual se quejan de aburridos?

jueves, 10 de enero de 2008

Prólogo


La verdad hace tiempo quería tener un espacio propio en la red.

Un lugar donde poder expresarme y a la vez compartir con otras personas mis sentimientos y sensaciones.

Hoy es un día de verano aparentemente igual a los otros, pero hay ciertas cosas que lo hacen distinguen: hoy estaría de onomástico mi padre, aún estoy en la incertidumbre laboral y a la espera de mis remuneración mensual.

Mi papá, conocido y recordado Médico Cirujano en esta ciudad, trabajó muchos años en la Posta Central, luego en Rancagua (Sewell, El Teniente) se fue a realizar postgrados a EEUU, para finalmente pasar sus últimos años en la capital comunal de Colchagua. Era un hombre muy comprometido con su trabajo, muy mujeriego y muy bohemio. Acá encontró el amor: mi madre. Y bueno, de ese amor nací yo.

Él no quería tener hijos porque era mayor que mi mamá, pero finalmente cedió y compartió con nosotras seis años.

Luego me crié con mi mamá, quien no se volvió a casar ni tuvo más hijos.

Cuando estaba por finalizar la Universidad, (estudié Psicopedagogía) nació mi hija, quien es el motor de mi vida, (aunque suene cliché) quien me impulsa día a día a seguir adelante.

Luego hice un post-título de especialización en Retardo Mental, y otro en Trastornos de la Audición y Lenguaje. Como se puede ver mi rubro es la Educación Diferencial.

El pasado año 2007 trabajé con un curso de alumnos con discapacidad en un centenario Liceo de mi ciudad y además con un grupo de alumnos de educación básica en una Escuela Municipal en un sector muy estigmatizado en mi comuna. Me encantó la experiencia. Me gustaría repetirla. Lamentablemente tengo la sensación de que la continuidad de profesionales en instituciones públicas, no depende sólo de su desempeño profesional, si no de otras cosas.

Sin embargo, mi remuneración mensual aún no ha sido cancelada (¿?) sin comentarios.

¿Siempre hay que ser consecuente? ¿Las exigencias deben ser proporcionales a lo que se entrega?