
El otro día mientras me trasladaba en un colectivo por mi ciudad, leí en el vidrio de otro vehículo “Dios es más grande que tu problema”. Una vez más pude comprobar que esa frase es cierta.
Luego de que me notificaran en mi trabajo que no iban a necesitar más mis servicios, recordé que aún quedaban algunos días de verano.
Decidí inscribir a mi hija en kárate (como todos los veranos) para que se acondicione físicamente y entre en mejores condiciones a clases, para que se contacte con otros niños y (sobretodo) para que no se aburra.
Además partimos el fin de semana a Pichilemu, una playa cercana. Allá lo pasamos muy bien.
Fuimos a ver un circo ruso de patinaje sobre hielo, precioso: tenía todos las presentaciones de un circo tradicional (malabares, magos, trapecistas) y además recreaba cuentos tradicionales infantiles.
En las tardes fuimos a la playa, a disfrutar del sol y del mar. Además comimos en restoranes y cafeterías todas las cosas ricas que queríamos.
Fue algo así como un miniveraneo.
De vuelta a la ciudad, fui a dejar currículum a un Colegio Inglés, cuyo Jardín Infantil queda al frente de la casa de los padres de una gran amiga.
Al otro día me llamaron de ese colegio. Qué increíble como de un momento a otro todo cambia.
Este año trabajaré con alumnos preescolares que tienen trastornos en su lenguaje. Una novedad para mí.
Lo que no es novedad es que todos los años exploro algún nicho de mi profesión que sólo conocía en teoría. Cada año académico que inicio tiene para mí un especial e inédito desafío.
¿Cómo se enfrentan los nuevos desafíos? ¿con ansiedad, temor, euforia?
Luego de que me notificaran en mi trabajo que no iban a necesitar más mis servicios, recordé que aún quedaban algunos días de verano.
Decidí inscribir a mi hija en kárate (como todos los veranos) para que se acondicione físicamente y entre en mejores condiciones a clases, para que se contacte con otros niños y (sobretodo) para que no se aburra.
Además partimos el fin de semana a Pichilemu, una playa cercana. Allá lo pasamos muy bien.
Fuimos a ver un circo ruso de patinaje sobre hielo, precioso: tenía todos las presentaciones de un circo tradicional (malabares, magos, trapecistas) y además recreaba cuentos tradicionales infantiles.
En las tardes fuimos a la playa, a disfrutar del sol y del mar. Además comimos en restoranes y cafeterías todas las cosas ricas que queríamos.
Fue algo así como un miniveraneo.
De vuelta a la ciudad, fui a dejar currículum a un Colegio Inglés, cuyo Jardín Infantil queda al frente de la casa de los padres de una gran amiga.
Al otro día me llamaron de ese colegio. Qué increíble como de un momento a otro todo cambia.
Este año trabajaré con alumnos preescolares que tienen trastornos en su lenguaje. Una novedad para mí.
Lo que no es novedad es que todos los años exploro algún nicho de mi profesión que sólo conocía en teoría. Cada año académico que inicio tiene para mí un especial e inédito desafío.
¿Cómo se enfrentan los nuevos desafíos? ¿con ansiedad, temor, euforia?
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