
Ya se acabó el difícil y largo mes de marzo. Colegiaturas, útiles escolares, uniformes, locomoción, alimentación, en fin se acrecientan los gastos mensuales y cuesta llegar dignamente a fin de mes. Francamente ha sido un mes muy agotador.
A mediados del pasado mes, me llamaron para iniciar la atención diferencial de un grupo de alumnos con necesidades educativas especiales, en un colegio vulnerable a nivel social llamado Premio Nobel.
Es increíble como empecé a sentirme bien de nuevo, plena.
Tengo sala propia, mobiliario adecuado y estoy llevando de a poco mis libros, material didáctico artesanal y elementos para hacer más acogedora la estadía de los niños y mía durante el año escolar.
Hoy empieza a cuidar a mi hija una señora que la va a ir a buscar al colegio y se va a quedar con ella en las tardes, acompañándola a almorzar, a estudiar y/o hacer las tareas.
Es de esperar que esto resulte bien para todas, ya que donde se quedaba mi hija era lejos y costoso, tanto por los traslados como por la cancelación de sus cuidados.
Mi mamá se operará en estos días de un problema gastrointestinal que padece. Una preocupación más. Ojalá que salga todo bien.
Mi trabajo de las tardes no consigue encantarme. Lo encuentro aburrido, agotador, desgastador. Son niños pequeños, frágiles, en los que hay que formar hábitos igual que las Educadoras de párvulos. Aún no se han separado por edades, por lo que el grupo es muy heterogéneo. Además por su condición, están más expuestos a accidentes que otros niños.
La semana pasada se accidentó uno. Fue una experiencia más traumática para mí que para el niño.
Un buen amigo me dice que tome este trabajo como un desafío, como una experiencia que el día de mañana podría servirme para ejercer un cargo superior. Quizá tenga razón. Pero igual mucho no me agrada.
Él también me dice que a mediados de año se abrirá el Programa de Integración Escolar en un colegio de acá de San Fernando. Si es así, sería super feliz si pudiera trabajar allá en las tardes. Sin duda.
Lo mejor de este mes que terminó, ha sido el cumpleaños de mi hija que lo celebraremos el sábado con amigos.
Es cierto que después de las tormentas viene la calma? Este otoño será más tranquilo y menos difícil? Compartirá alguien conmigo los fríos días y noches que se avecinan?
A mediados del pasado mes, me llamaron para iniciar la atención diferencial de un grupo de alumnos con necesidades educativas especiales, en un colegio vulnerable a nivel social llamado Premio Nobel.
Es increíble como empecé a sentirme bien de nuevo, plena.
Tengo sala propia, mobiliario adecuado y estoy llevando de a poco mis libros, material didáctico artesanal y elementos para hacer más acogedora la estadía de los niños y mía durante el año escolar.
Hoy empieza a cuidar a mi hija una señora que la va a ir a buscar al colegio y se va a quedar con ella en las tardes, acompañándola a almorzar, a estudiar y/o hacer las tareas.
Es de esperar que esto resulte bien para todas, ya que donde se quedaba mi hija era lejos y costoso, tanto por los traslados como por la cancelación de sus cuidados.
Mi mamá se operará en estos días de un problema gastrointestinal que padece. Una preocupación más. Ojalá que salga todo bien.
Mi trabajo de las tardes no consigue encantarme. Lo encuentro aburrido, agotador, desgastador. Son niños pequeños, frágiles, en los que hay que formar hábitos igual que las Educadoras de párvulos. Aún no se han separado por edades, por lo que el grupo es muy heterogéneo. Además por su condición, están más expuestos a accidentes que otros niños.
La semana pasada se accidentó uno. Fue una experiencia más traumática para mí que para el niño.
Un buen amigo me dice que tome este trabajo como un desafío, como una experiencia que el día de mañana podría servirme para ejercer un cargo superior. Quizá tenga razón. Pero igual mucho no me agrada.
Él también me dice que a mediados de año se abrirá el Programa de Integración Escolar en un colegio de acá de San Fernando. Si es así, sería super feliz si pudiera trabajar allá en las tardes. Sin duda.
Lo mejor de este mes que terminó, ha sido el cumpleaños de mi hija que lo celebraremos el sábado con amigos.
Es cierto que después de las tormentas viene la calma? Este otoño será más tranquilo y menos difícil? Compartirá alguien conmigo los fríos días y noches que se avecinan?
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